Ignacia, santiaguina de 27 años, es una rubia de grandes curvas, es estudiante de 4to año de derecho, hija de oficiales del ejercito, quienes no le perdonaron el ser madre soltera y no terminar su carrera, por lo que tuvo que congelar, para trabajar y volver con el dinero suficiente para completar sus estudios. Y que mejor trabajo que el más antiguo de la historia patriarcal.
La mayoría de estas jóvenes que trabajan de forma independiente son estudiantes universitarias que por algún motivo han perdido el apoyo de sus padres, y no quieren dejar de lado su vida normal, encontrando en la prostitución una fuente de ingresos inalcanzable en otro trabajo, hecho que se está haciendo cada vez mas común.
En estudio de prostitución juvenil urbana, realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) en el año 2000, califica este hecho como "prostitución invisible". Allí define este tipo de comercio sexual como una relación que tiene como principal característica que quienes la realizan no lo reconocen así.
No es el caso de Daniela. Se armo de valor y se vino el verano pasado a esta ciudad, por un aviso que vio en el diario donde se invitaba a jóvenes de buena presencia, para presentarse en un domicilio céntrico de Valdivia. -Y llegué hasta una casa de putas, donde la dueña nos trataba como verdaderos animales, las condiciones en las que viví eran indignas, atendíamos a los clientes en la misma cama donde dormía, además recibía la mitad de lo que se cobraba.
Mientras duró su estadía en dicha casa conoció a “Claudia”, quien no quiso identificarse por ser estudiante de la UACh, una joven de 21 años, de muy buena presencia, delgada y alta, de piel clara y facciones finas, también santiaguina con dos hijas a cuestas, tuvo que venir a estudiar y trabajar a Valdivia.
Daniela se le acercó y se hicieron amigas, planearon su salida de aquella casa y ahora atienden de forma independiente, donde sus clientes las contactan por teléfono.
Aquel día de la entrevista en su cómoda cabaña en el centro de la ciudad, el teléfono de Daniela debió haber sonado al menos unas diez veces, de las que sólo contesto dos, y quedo con uno para una hora más tarde. Al poco rato de mi llegada su colega se dispuso en un taxi.
¿Como es el servicio que prestas y que valor tiene?
El servicio básico es sexo oral y vaginal con condón, cuesta 50 mil pesos la hora, cuando piden lencería le agregamos 20 mil.
¿Como te definirías sexualmente?
Para empezar debo decir que soy muy activa sexualmente (risas) y cuando estoy en el acto me gusta que sea fuerte, salvaje, la idea es disfrutar al máximo. Esto es así con mis parejas por supuesto.
¿Cuanto dinero ganas al mes?
En promedio ganamos como 1 millón de pesos cada una.
¿Por que no trabajarías en un night club?
Por que prefiero trabajar piola, no soy alcohólica, en esos locales las minas tienen que pasarse toda la noche tomando, no me gusta exponerme, imagínate toda la noche tomando empelota, con viejos borrachos y que te estén agarrando todo, no eso no es para mí.
¿Que piensas de las prostitutas que son más feministas que reclaman por el abuso hacia las mujeres, que se sienten extremadamente discriminadas, principalmente las que trabajan en la calle?
Mira, esas mujeres llegan a esa situación por que físicamente no llaman la atención y sólo tienen su vagina para ocupar, psicológicamente no le sirven a nadie para conversar y así nadie las recibe, por que para trabajar en un privado exigen que sean de buena presencia y sepan hablar bien.
¿Disfrutas tu trabajo?
La mayoría de las veces no tanto, cierro mis ojos y le doy no más, de diez disfrutare de dos, a veces me piden lencería, utilizo siempre ligas, también tengo consoladores, no falta el cliente medio desviado que se lo ponen mientras me están dando.
¿Cual es la peor experiencia que te ha tocado vivir en este trabajo?
Fue con un marino de la escuela de oficiales, me imagino por lo cuico, me llevó a un motel, se tiró en la cama y me dijo: ¡las putas hacen y deshacen, así que atiéndeme!, yo le dije que no trabajaba si no me paga y el tipo me tira la plata gritándome algunas groserías, en eso que me voy yendo, el me agarra del brazo y me vuelve a faltar el respeto y le doy una patada en los testículos, después apareció cuando estaba esperando un taxi, me pidió disculpas y me pago igual.
¿Y la mejor..?
Fue con unos empresarios de Puerto Montt, eran dos, me propusieron hacer el trío, yo jamás había estado con dos hombres, estaba un poco asustada, así que les pedí más whisky y nos fuimos al motel “Los Pinos”, a la salida norte de la ciudad, entramos a la habitación galáctica, de paredes transparentes, con jacuzzi, me disfracé de enfermera y comenzamos, fue tanto el placer, lo pase tan bien, que en algunos pasajes de aquella noche perdí la razón, hasta encontrarme al otro día con estos dos tipos en la original habitación.
Y frente al amor...
Daniela dice no volver a enamorarse y no cree en la fidelidad del hombre: “aquí llegan hombres casados que dicen estar enamorados de sus esposas, pero que se excusan diciéndome que necesitan desahogarse, así como voy a creerles, me es imposible”.
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